Entre ruinas y esperanza: familias desafían el peligro para recuperar a sus seres queridos tras los terremotos en Venezuela
Lo que comenzó como una carrera por encontrar sobrevivientes se convirtió en un esfuerzo para recuperar los cuerpos de sus familiares. Desde hace días, el grupo permanece instalado en un campamento improvisado frente al edificio, soportando el calor, el polvo y las difíciles condiciones del lugar.
Mientras Venezuela intenta levantarse del devastador doble terremoto que sacudió el país el pasado 24 de junio, cientos de familias siguen librando una batalla silenciosa entre montañas de concreto. Con palas, picos y herramientas adquiridas con sus propios recursos, muchos se niegan a abandonar los edificios donde desaparecieron sus seres queridos, convencidos de que aún pueden recuperarlos.
La tragedia continúa dejando un saldo cada vez más devastador. El más reciente balance oficial elevó a 3.899 la cifra de personas fallecidas, mientras que 16.740 resultaron heridas. Además, 856 edificaciones sufrieron daños y 190 quedaron completamente reducidas a escombros.
Las autoridades mantienen desplegado un amplio operativo con más de 63.000 personas entre efectivos, voluntarios y rescatistas internacionales. Sin embargo, en varios sectores los familiares consideran que el tiempo juega en su contra y decidieron continuar la búsqueda por iniciativa propia.
Uno de esos casos es el de Ciro Ocando, quien permanece en Playa Grande, estado La Guaira, excavando junto a sus hermanos en el edificio donde desaparecieron sus dos hijos adolescentes y una tía. Durante las labores encontraron un álbum familiar que pertenecía a los jóvenes, una señal que renovó sus fuerzas para seguir removiendo toneladas de concreto. “Estoy en el lugar correcto, pero hay muchos obstáculos”, expresó Ocando antes de volver a internarse en los estrechos túneles abiertos entre los escombros.
Recuperar cuerpos es la meta
Lo que comenzó como una carrera por encontrar sobrevivientes se convirtió en un esfuerzo para recuperar los cuerpos de sus familiares. Desde hace días, el grupo permanece instalado en un campamento improvisado frente al edificio, soportando el calor, el polvo y las difíciles condiciones del lugar.
Ocando también aseguró que los equipos utilizados durante la búsqueda han salido de su propio bolsillo. “Ese aparato de iluminación, la planta eléctrica, las herramientas, todo es por mi cuenta, todo lo compré yo”, afirmó.
Cada incursión representa un riesgo. Las estructuras permanecen inestables y las más de 1.142 réplicas registradas desde el desastre mantienen latente la posibilidad de nuevos colapsos. Aun así, los familiares insisten en continuar.
“Para nosotros los familiares vale la pena arriesgarse; ellos lo que quieren es demoler”, manifestó Damián Molero, hermano de Ocando.
La angustia también acompaña a Lázaro Cardozo, de 67 años, quien permanece cerca del inmueble donde desapareció Fabiana, hija de una de sus primas. Con fotografías de la joven entre sus manos, asegura que no dejará de buscarla. “Estoy en shock, paralizado”, dijo. “No la vamos a dejar aquí”, agregó.
En paralelo a estas escenas de dolor, las autoridades informaron que durante la emergencia se han distribuido 9.603 toneladas de alimentos, más de 12 millones de litros de agua y atención médica para 28.836 personas.
Aunque el país comienza a hablar de reconstrucción, para quienes siguen esperando encontrar a un hijo, un hermano o un padre entre las ruinas, la tragedia todavía no ha terminado y cada jornada representa una nueva lucha contra el tiempo.

