Papa León XIV lidera un Via Crucis marcado por críticas a la guerra y al abuso del poder
El sumo pontífice recorrió 14 estaciones cargando personalmente la cruz
En una ceremonia cargada de simbolismo y mensaje social, el papa León XIV encabezó el tradicional Via Crucis de Viernes Santo en el Coliseo de Roma, donde centró sus reflexiones en los conflictos armados, la injusticia y el uso indebido de la autoridad.
Ante miles de asistentes reunidos en el histórico escenario, el Pontífice recorrió las 14 estaciones cargando personalmente la cruz durante todo el trayecto, un gesto que no se veía desde el pontificado de Juan Pablo II. La celebración evocó el camino de Jesús hacia el Gólgota, pero también conectó ese relato con las realidades actuales.
Desde el inicio del acto, León XIV describió un contexto humano complejo, lejos de la solemnidad idealizada:
“No es un recorrido en medio de gente devota y silenciosa. Como en tiempos de Jesús, nos encontramos caminando en un ambiente caótico, alborotado y bullicioso, entre personas que comparten la fe en Él, pero también entre otros que se burlan e insultan. Así es la vida de todos los días”.
Las meditaciones, preparadas por el franciscano Francesco Patton, plantearon cuestionamientos directos sobre la responsabilidad de quienes ejercen autoridad. En los textos se reflexionó sobre la capacidad de los líderes para decidir entre la guerra o la paz, la opresión o la justicia, y se advirtió que el uso del poder tendrá consecuencias morales.
El contenido del Via Crucis también puso el foco en sectores vulnerables: personas privadas de la libertad, migrantes, víctimas de violencia, mujeres en condiciones de explotación y niños. La Santa Sede insistió en que reconocer a Cristo implica identificarlo en quienes sufren vulneraciones a su dignidad.
Uno de los momentos más fuertes surgió en la estación sobre el despojo de las vestiduras, donde se denunció la brutalidad de regímenes autoritarios y prácticas de tortura que van más allá del castigo físico, afectando profundamente la dignidad humana.
El papel de las mujeres fue otro de los ejes de la jornada, al destacar su presencia constante en escenarios de dolor y acompañamiento: hospitales, hogares, zonas de conflicto y comunidades marginadas. Según las meditaciones, ellas han sostenido históricamente a quienes enfrentan situaciones límite.
La ceremonia estuvo atravesada por el recuerdo de papa Francisco, quien falleció el 21 de abril de 2025, un día después del Domingo de Pascua. Su legado estuvo presente tanto en el tono pastoral del evento como en su cercanía con los más vulnerables, una línea que su sucesor parece continuar.
Durante su último mensaje pascual, leído por su maestro de ceremonias, Francisco había hecho un llamado urgente a frenar los conflictos armados y avanzar hacia el desarme global, insistiendo en que la paz requiere decisiones concretas de los Estados.
El Via Crucis de este año no solo mantuvo la tradición litúrgica, sino que se convirtió en un espacio de reflexión sobre las tensiones del mundo actual, en el que la fe se plantea como una herramienta activa frente a la injusticia y el sufrimiento humano.