Navidad bajo fuego obligó a familias del Catatumbo a huir
En medio de choques armados y temor generalizado, decenas de hogares abandonaron sus casas en Norte de Santander, mientras miles de personas siguen atrapadas por la guerra.
La guerra no dio tregua en el Catatumbo ni siquiera en Navidad. Mientras muchas familias celebraban las fiestas, en esta subregión de Norte de Santander el sonido de los disparos volvió a imponerse y obligó a decenas de personas a salir corriendo de sus veredas para salvar sus vidas.
Entre el 22 y el 24 de diciembre, alrededor de 200 personas agrupadas en más de 50 familias dejaron atrás sus casas, sus cultivos y sus animales, empujadas por los enfrentamientos entre el Eln y las disidencias de las Farc. La mayoría terminó llegando a Cúcuta, donde buscó refugio de emergencia, mientras otros hogares se desplazaron hacia Ocaña.
Pero el drama no se limita a quienes lograron huir. En varias zonas rurales, miles de habitantes permanecen encerrados en sus comunidades, sin poder moverse por miedo a quedar en medio del fuego cruzado o a ser señalados por los grupos armados que se disputan el control del territorio.
Desde organizaciones humanitarias lanzaron una alerta urgente. Giovanni Rizzo, director del Consejo Noruego para Refugiados (NRC) en Colombia, advirtió que “cientos se están desplazando para salvar sus vidas y necesitan ayuda humanitaria urgente”, y no descartó que la cifra de afectados aumente en los próximos días.
El Tarra y Tibú figuran entre los municipios más golpeados. En Tibú, la situación genera especial alarma ante el riesgo de que miles de personas queden confinadas o se vean forzadas a abandonar sus hogares desde el corregimiento de Pachelly. Para el NRC, “es vital que el Estado confirme la alerta de la población y garantice su asistencia y protección en el municipio”.
La Defensoría del Pueblo también encendió las alarmas y pidió bajar la intensidad del conflicto en una época en la que las comunidades esperaban algo de calma. La entidad solicitó a las autoridades locales garantizar techo, comida y acompañamiento emocional a quienes llegan desplazados, muchos de ellos con niños y adultos mayores.
Desde la Alcaldía de Cúcuta manifestaron preocupación porque, una vez más, la atención a las víctimas recae sobre los municipios receptores, como ya ocurrió a comienzos de este año cuando un recrudecimiento de la violencia desbordó la capacidad institucional.
Aunque los grupos armados anunciaron ceses al fuego durante las festividades, en el Catatumbo el miedo sigue instalado. La región, rica en recursos naturales y atravesada por economías ilegales, continúa siendo escenario de una guerra que ha dejado decenas de víctimas y ha obligado a miles de campesinos a abandonar su tierra sin saber cuándo podrán regresar.


