Opinión

Día del orgullo: ¡No le hagas caso!

Recordar la vida y trayectoria de Marsha P. Johnson, en el día del orgullo.

Hoy en el día del orgullo, quiero recordar a Marsha P. Johnson, quien nació en Nueva Jersey el 24 de agosto de 1945. Era una mujer trans y afro. Nariz ancha, boca grande, labios pintados; y, en las fotografías icónicas, se le reconoce porque casi siempre llevaba un arreglo de flores o un sombrero excéntrico en su cabeza. Su cuerpo fue encontrado flotando en el río Hudson, cerca del muelle de West Village, días después de una marcha del orgullo en 1992.

Vivió en su ciudad hasta que se graduó de la escuela y pudo revelarse a su familia de tradición cristiana. Desde entonces se fue a Nueva York y allí trabajó en diversos oficios, ganando poco y luego prostituyéndose. Finalmente, encontró en su labor de drag queen una fuente de ingreso y la inspiración para el trabajo por las personas sexualmente diversas.

Entrada la década de los 70, Marsha cofundó una organización llamada Street Transvestite Action Revolutionaries (STAR): Revolucionarias activistas travestidas de la calle, en español. Se convirtió en una especie de patrona y madre de la diversidad. Es imposible desligarla de la conmemoración del día del orgullo LGTBI todos los 28 de junio.

¿Qué sucedió en esta fecha? El 27 de junio de 1969, en el pub Stonewall Inn —que se consideraba un epicentro gay de Nueva York en la década de los 60— a personas LGTBI las violentaron, esposaron y arrestaron por la policía. La comunidad LGTBI, reconociendo la violencia y persecución sistemática hacia ella solo en la razón de la diversidad sexual, se sublevó y dio inicio a varios días de protestas que acabaron en disturbios, cárcel, explosiones y muertes. Quienes fueron testigos de estos tiempos de convulsión, afirman que Marsha fue una de las que se encontraban a la cabeza de estas manifestaciones; y la crueldad del momento la impulsó para que, junto a su organización, sirviera a las personas transgénero sin hogar y abriera el primer refugio de jóvenes sexodiversos de Estados Unidos.

Han pasado 52 años desde que este hecho histórico permitió visibilizar las luchas LGTBI; y todavía hay una sociedad —con todas sus instituciones: familia, escuela, iglesia, Estado, etc.— que exigen el cumplimiento de la heteronorma, la castración sexoafectiva y una estética que encasilla los roles de lo femenino y lo masculino. El closet sigue siendo una obligación. Los cuerpos disruptivos y las múltiples identidades de género, por momentos pueden habitar el mundo, pero sin que se les note; sin que se evidencie eso que han llamado “disfuncional”.

Sé que mi lugar de enunciación, como mujer heterosexual, me permite hablar desde el privilegio, lo reconozco. Pero hoy quiero hacer un llamado —o quizá sea solo un grito al aire— a salir de cualquier lugar donde no se pueda amar, donde ser sea un pecado o un error. Hoy me gustaría, desde la utopía, una sociedad donde nadie tenga que sentir temor de lo que siente o de lo que es.

Sin embargo, la realidad nos sobrepasa y solo deseo que quienes son habitados o habitan la diversidad sexual desde el escondite, un día no muy lejano y con la compañía de muchas personas a su alrededor, puedan añadir la letra “P” a sus vidas cotidianas, como lo hizo Marsha. En medio de un tribunal, un juez le preguntó qué significaba esta consonante previa a su apellido y ella respondió: “Pay it, no mind” (“no le hagas caso”), que era una frase distintiva para burlar a quienes cuestionaban su género.

A ti que aún no sales del closet: ¡No le hagas caso!

¡Feliz día del orgullo!

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