Colombia

Grupos armados en Colombia buscan tecnología de guerra no tripulada: alerta por posible llegada de drones avanzados

El uso de naves no tripuladas en esta organización, no es una novedad. Es algo que llevan años poniendo en marcha para asechar

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Las agencias de seguridad colombianas han encendido las alarmas ante la creciente sofisticación tecnológica de los grupos armados ilegales. Informes recientes apuntan a que organizaciones como el ELN, las disidencias de las Farc y el Clan del Golfo estarían buscando incorporar drones de última generación en sus operaciones ofensivas, vigilancia e incluso en el transporte de material ilícito.

El uso de aeronaves no tripuladas por parte de estos actores no es nuevo, pero la preocupación actual radica en la posibilidad de que estén a punto de adquirir drones militares con capacidades de precisión, autonomía extendida, visión nocturna y resistencia a los sistemas antidrones. Según fuentes de inteligencia, estas tecnologías ya circulan en el mercado negro y podrían llegar al país a través de redes internacionales de tráfico de armas o incluso vía alianzas con carteles de narcotráfico.

Una fuente vinculada a labores de contrainteligencia señaló que, si bien “hasta donde sabemos, esos equipos sofisticados no han llegado a Colombia, de un momento a otro pueden aparecer en manos de los grupos guerrilleros y de la delincuencia organizada como el Clan del Golfo”. Las capacidades de estos equipos representarían un salto sustancial en la amenaza que enfrentan las fuerzas de seguridad del Estado.

La alerta cobra mayor vigencia tras un reciente ataque en Norte de Santander, donde tres soldados perdieron la vida y ocho más resultaron heridos por explosivos lanzados desde drones, presuntamente operados por frentes del ELN. En lo corrido del año, se han documentado más de 230 incidentes de este tipo, duplicando las cifras reportadas en 2024.

Además del daño humano, estos aparatos les permiten a los grupos armados vigilar movimientos militares, ejecutar ataques con bajo riesgo para sus propios combatientes y adaptar su presencia en zonas de difícil acceso. Se han detectado drones comerciales modificados, como los DJI Mini 4 Pro, utilizados para cargar hasta un kilo de explosivos.

A nivel regional, la situación también genera inquietud. Venezuela ya ha desarrollado, con apoyo iraní, una familia de drones propios –ANSU100, 500, 700 y 900– con capacidad militar. Informes confidenciales apuntan a que Teherán ha intercambiado tecnología no tripulada por recursos estratégicos como uranio, lo que incrementa las posibilidades de que estos equipos circulen entre actores no estatales o sean replicados clandestinamente.

Frente a este panorama, Colombia ha intensificado su respuesta. El Ministerio de Defensa ha destinado más de 20 mil millones de pesos para fortalecer sistemas antidrones y adquirir tecnologías que permitan contrarrestar las amenazas aéreas no convencionales. Actualmente, se utilizan herramientas de empresas como Indra, Cerbair y DroneGun Tactical para proteger zonas críticas y unidades operativas.

Además, la industria nacional dio un paso importante con el lanzamiento del Dragom, un dron de reconocimiento y ataque diseñado por la Corporación de la Industria Aeronáutica Colombiana (CIAC). Este vehículo aéreo no tripulado cuenta con modos de operación autónoma y capacidad de adaptación a distintos escenarios de combate.

A pesar de los avances, expertos en seguridad coinciden en que el país enfrenta un desafío creciente: las organizaciones criminales evolucionan con rapidez, adaptan tecnología civil para fines bélicos y tienen acceso a recursos que les permiten adquirir equipos más avanzados. Las fuerzas del orden, por su parte, deben continuar modernizando su capacidad de detección, defensa y neutralización.

El conflicto armado en Colombia entra así en una nueva etapa, donde el campo de batalla se traslada al aire y donde los drones se convierten en herramientas clave tanto para el ataque como para la defensa.

Víctor Castro Gutierrez

Con su título en mano, Víctor comenzó su carrera periodística como reportero en un periódico local de Medellín. Hoy en día, continúa desempeñando un papel crucial en el periodismo colombiano, siendo un referente en la investigación y denuncia de los problemas más apremiantes de la sociedad, y un defensor incansable de la libertad de prensa y la ética periodística en Colombia.

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