Alias “Gancho del Centro”: el capo invisible detrás del crimen de Miguel Uribe Turbay, ahora perseguido por sus propios aliados
La Fiscalía ya se encuentra tras la pista, hasta llegar al fondo del asunto
La figura clave en la trama criminal que terminó con la vida de Miguel Uribe Turbay no es un sicario ni un francotirador. Es un estratega oculto, una mente que ha permanecido en las sombras durante años: alias Gancho del Centro. Su nombre es hoy el centro de una investigación que ha destapado los vínculos más oscuros entre el narcotráfico urbano, las disidencias de las Farc y los carteles internacionales.
Aunque su identidad real sigue sin confirmarse oficialmente, las autoridades tienen claro que este narcotraficante controla cerca del 80% del microtráfico en Bogotá y municipios cercanos. Desde el barrio Santa Fe y con ramificaciones en Engativá, San Andresito y el norte de la ciudad, “Gancho del Centro” dirige una estructura que va mucho más allá del narcotráfico: maneja oficinas de cobro, tráfico de armas, prostitución, desguace de vehículos y tiene conexiones directas con mafias mexicanas.
Según las investigaciones, fue él quien contrató a alias el Costeño para ejecutar el asesinato de Uribe Turbay. La Fiscalía sostiene que el crimen se pactó por 3.000 millones de pesos, pagados parcialmente con droga fabricada en laboratorios del Caquetá. Pero tras el asesinato, Gancho del Centro pasó de ser un jefe a convertirse en objetivo.
Los investigadores han confirmado que, tras el atentado, la Segunda Marquetalia —la misma disidencia de las Farc con la que mantenía acuerdos desde antes del proceso de paz— ordenó su eliminación. La razón: su conocimiento sobre las rutas de narcotráfico, los nexos con carteles extranjeros y la red de sicarios que responde a su mando lo convierten en un riesgo demasiado alto para la organización.
Ha tenido múltiples alias
“Gancho del Centro” ha logrado operar bajo múltiples alias durante más de una década, evadiendo a las autoridades. Sin embargo, tras la presión ejercida por el magnicidio, todos los recursos de inteligencia están ahora enfocados en encontrarlo. Su caída podría ser determinante para desarticular una de las redes criminales más estructuradas del país.
El testimonio de alias Gabriela, compañera sentimental del Costeño, también ha sido fundamental. La mujer aseguró que sería llevada a Caquetá para ser entrenada por la disidencia en manejo de drones y francotiradores, y reveló que fue “Gancho del Centro” quien entregó el arma homicida: una Glock 9 mm.
Además, nuevos testigos protegidos han descrito cómo el capo movía cargamentos de marihuana prensada en furgonetas hacia Bogotá una vez al mes, demostrando que sus tentáculos logísticos están bien engrasados.
Hoy, este narco, alguna vez protegido por su anonimato, enfrenta no solo el cerco de la justicia, sino también el de sus antiguos socios armados, que han optado por eliminarlo antes de que hable. La historia del “Gancho del Centro” ya no es la de un criminal más en la capital, sino la de un hombre atrapado por el poder que construyó, y que ahora se vuelve en su contra.

