OMS alerta sobre crecimiento en cifra de suicidios en el mundo
El informe señala que por cada persona que se quita la vida, otras 20 lo intentan
La Organización Mundial de la Salud (OMS) encendió las alertas con un nuevo informe sobre salud mental en el mundo, en el que se evidencia una tendencia preocupante: más de mil millones de personas conviven con algún trastorno mental y el suicidio continúa siendo una de las principales causas de muerte, especialmente entre jóvenes.
En 2021, el último año con cifras consolidadas, se registraron 727.000 muertes por suicidio, lo que equivale a una de cada 100 muertes a nivel global. Aunque se ha logrado una disminución del 35 % desde el año 2000, el ritmo de reducción está lejos de la meta fijada por la ONU para 2030. Según el informe, si la tendencia se mantiene, la disminución en los próximos cinco años apenas alcanzará un 12 %.
El problema tiene un fuerte impacto en la población joven. Del total de muertes por suicidio reportadas en 2021, unas 170.000 correspondieron a personas entre los 10 y los 29 años. El número de intentos también es alarmante: por cada suicidio consumado, se calcula que hay al menos 20 intentos.
Crecen a mayor ritmo que el de la población mundial
Los datos también muestran que los trastornos mentales han crecido a un ritmo superior al de la población mundial. Más de 1.095 millones de personas viven con condiciones como ansiedad, depresión, trastorno bipolar o esquizofrenia. La ansiedad afecta a 359 millones de personas, mientras que la depresión impacta a otras 332 millones. Las mujeres presentan mayor prevalencia: 5,5 % frente al 3,3 % de los hombres en ansiedad, y 4,8 % frente a 3,2 % en depresión.
Aunque se tiende a asociar estos padecimientos con países de ingresos bajos o medios, las cifras muestran que la situación también es crítica en naciones ricas, donde las tasas pueden ser más altas, en parte debido a mejores mecanismos de reporte y diagnóstico. Aún así, casi el 75 % de los suicidios registrados ocurrieron en países de renta media o baja, que concentran la mayoría de la población mundial.
Más allá del impacto humano, los costos económicos también son enormes. La OMS estima que la ansiedad y la depresión, por sí solas, generan pérdidas por un billón de dólares anuales a la economía global. Sin embargo, la inversión pública sigue siendo mínima: solo el 2 % del gasto sanitario se destina a salud mental, una cifra que no ha variado desde 2017.
“La transformación de los servicios de salud mental es uno de los desafíos más urgentes de salud pública”, afirmó el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus. “Invertir en salud mental es invertir en las personas, las comunidades y las economías”.
Las brechas entre países son notables. Mientras que las naciones de altos ingresos destinan hasta 65 dólares por persona al año en salud mental, en los países más pobres la cifra no supera los cuatro centavos. La escasez de personal también es crítica: la mediana global es de 13 profesionales de salud mental por cada 100.000 habitantes, pero en muchos países del sur global la cifra se acerca a cero.
En cuanto a servicios, la mayoría de los países aún depende de hospitales psiquiátricos y apenas una fracción ha avanzado hacia modelos de atención comunitaria. Menos del 10 % ha completado esta transición. Las hospitalizaciones involuntarias representan casi la mitad de los ingresos y, en más del 20 % de los casos, la estancia supera el año.
Pese a estos desafíos, el informe identifica señales de progreso. Actualmente, más del 80 % de los países incluyen apoyo psicosocial en sus respuestas a emergencias, frente al 39 % que lo hacía en 2020. También han ganado terreno los programas de salud mental en escuelas, el uso de la telesalud y las estrategias de prevención del suicidio.
Los resultados del informe y del Atlas de Salud Mental de la OMS serán parte de los insumos para la próxima Reunión de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre enfermedades no transmisibles, salud mental y bienestar, que se celebrará el 25 de septiembre en Nueva York. Allí se espera que los Estados miembros revisen sus compromisos y estrategias para responder a lo que la OMS considera una emergencia de salud global.
