Colombia

Adolescente le ganó judicialmente al colegio que denunció por homofobia

El joven fue expulsado bajo el alegato de que ser homosexual “es una abominación”

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En una ciudad intermedia de Colombia, un estudiante de 15 años ha logrado que la Corte Constitucional le exija a su colegio detener prácticas discriminatorias contra alumnos LGBTI. Lo hizo sin pertenecer a una organización, sin haber terminado el colegio, y sin dejarse intimidar por docentes, autoridades ni instituciones que buscaron silenciarlo. Su nombre es Rubén* y, aunque mantiene el anonimato por seguridad, su historia se ha convertido en un símbolo de resistencia.

Todo comenzó con una denuncia en redes sociales. Rubén expuso lo que consideraba castigos desproporcionados contra dos compañeras por tener una relación afectiva. La respuesta de la institución fue una reunión en la que una docente, además de gritarle frente a su madre, le dijo: “Recuerda que son una abominación para Dios”. Fue en ese momento, al responder que no veía problema en ser homosexual, cuando Rubén terminó revelando su orientación, casi sin querer. Días después, fue expulsado.

Lo que vino después fue una batalla legal que concluyó a su favor en diciembre de 2024. La Corte no solo ordenó que lo reincorporaran —como ya lo había hecho un fallo anterior—, sino que exigió disculpas públicas, nivelación académica y un cambio profundo en el enfoque del manual de convivencia. En un gesto poco común, los magistrados le enviaron una carta personal en la que reconocían su determinación: “Tus acciones reflejan un fuerte compromiso con la justicia y una madurez admirable”, decía la misiva.

Un colegio evangélico

El colegio, de orientación evangélica, intentó revertir la decisión alegando que no podían haber discriminado a Rubén porque no sabían que era gay, y que sus sanciones respondían a comportamientos indebidos, no a prejuicios. También invocaron la libertad religiosa. Pero la Corte rechazó el recurso y aclaró que la protección de creencias no justifica violar derechos fundamentales: la educación, sostuvo el tribunal, debe ser científica, inclusiva y respetuosa de la diversidad sexual.

Rubén recuerda con molestia que incluso les proyectaron un documental que promovía la “cura” de la homosexualidad. “Decían que la soledad era mejor para Dios”, cuenta. Para él, usar la religión como argumento para el odio no tiene cabida: “Mi sexualidad no tiene nada que ver con Dios. Por algo la Biblia dice que Dios es amor”, afirma.

Detrás de su firmeza hubo también apoyo familiar, especialmente de su hermana mayor, quien convenció a sus padres de acompañarlo en su proceso. Su madre, que al principio le reprochaba haber generado el conflicto, terminó respaldándolo ante la Corte, y sus palabras fueron valoradas por los jueces en el fallo final.

La historia de Rubén no se limitó al ámbito judicial. Fue él quien decidió denunciar públicamente ante una oenegé feminista los abusos que otros preferían callar. “Si no hablaban ellas, hablaba yo”, recuerda. Su postura le costó el rechazo de la institución, la indiferencia de la Secretaría de Educación local y hasta una carta de disculpas que tuvo que redactar para intentar volver al colegio (sin éxito, en su momento).

Sin embargo, no se rindió. Cuando Colombia Diversa le propuso escalar el caso a la Corte, dudó, pero aceptó: “Sentía que no era suficiente con que me hubieran reintegrado”. Su propósito era claro: que el cambio fuera estructural, no cosmético.

Hoy, aunque dice que sus profesores han cambiado su actitud “por obligación”, Rubén se siente más tranquilo. Sus compañeros lo apoyan y él ha decidido seguir en el mismo colegio, por razones prácticas y emocionales. Sigue siendo creyente, practica deporte y, aunque no se ha visibilizado públicamente, tiene claro que su identidad no le impide luchar por otras causas.

“Hay que ser muy bobo para creer que un magistrado les va a dar la razón”, dice, entre risas, sobre los argumentos de su colegio. Pero su victoria no se basa en burlas, sino en convicciones: que los derechos no se mendigan, que la fe no se usa para excluir, y que un adolescente también puede cambiar la historia.

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Víctor Castro Gutierrez

Con su título en mano, Víctor comenzó su carrera periodística como reportero en un periódico local de Medellín. Hoy en día, continúa desempeñando un papel crucial en el periodismo colombiano, siendo un referente en la investigación y denuncia de los problemas más apremiantes de la sociedad, y un defensor incansable de la libertad de prensa y la ética periodística en Colombia.

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