
El presidente de Corea del Sur, Yoon Suk-yeol, anunció el levantamiento de la ley marcial pocas horas después de haberla declarado, argumentando inicialmente la necesidad de proteger el orden constitucional frente a actividades «antiestatales». La medida, que generó protestas masivas y tensiones políticas, fue derogada tras una reunión de emergencia con su gabinete.
La ley marcial, que otorgaba poderes extraordinarios a las fuerzas militares y limitaba libertades civiles, no se aplicaba en el país desde hace más de cuatro décadas. Su declaración sorprendió tanto a la oposición como a figuras clave del oficialismo, quienes la consideraron un movimiento autoritario. El Parlamento, controlado por la oposición, rechazó la medida en una votación extraordinaria, a pesar de los bloqueos policiales y la presencia militar en el edificio legislativo.
Una fuerte crisis política
La decisión de imponer y luego retirar la ley marcial ocurre en un contexto de fuerte crisis política. Yoon, en conflicto con el Parlamento desde que perdió el control legislativo, enfrenta un estancamiento político agravado por recortes presupuestarios impuestos por la oposición y mociones para destituir a varios ministros. Críticos han acusado al presidente de recurrir a tácticas autoritarias, mientras la oposición exige su renuncia o un proceso de destitución.
El enfrentamiento ha llevado a Corea del Sur a una de las peores crisis institucionales de su historia reciente, con Yoon bajo presión por su debilitada posición política y una popularidad en declive.
