Testigos bajo presión: revelan pruebas del intento de soborno para frenar caso UNGRD
Salieron a la luz las grabaciones del soborno que ha mencionado Sneyder Pinilla y su defensa
Una operación encubierta ordenada por la Fiscalía permitió identificar un intento de soborno que pretendía interferir en uno de los procesos judiciales más sensibles que enfrenta el actual Gobierno. El caso involucra a exdirectivos de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), quienes ofrecieron dinero a cambio de retractaciones clave.
El ofrecimiento fue hecho por Luis Carlos Barreto, exsubdirector de la entidad, y Édgar Riveros, abogado y exdirigente político, quienes buscaron influir en las declaraciones de Sneyder Pinilla y Olmedo López, exfuncionarios que colaboran con la justicia desde que estalló el escándalo por la adjudicación irregular de contratos millonarios.
La maniobra fue registrada en una reunión realizada el 31 de julio de 2024, en una sala privada de un hotel en Bogotá. Las grabaciones —con seguimiento en tiempo real por parte del CTI— revelan que Barreto y Riveros propusieron a Pinilla un pago equivalente al 5% de los contratos de plantas y pozos desalinizadores en La Guajira, a cambio de que modificara sus declaraciones y detuviera la entrega de nueva información que comprometiera a otros implicados.
Ya lo habían cantado
El abogado Gustavo Moreno, defensor de Pinilla, ya había informado del ofrecimiento a las autoridades. Bajo indicación de la Fiscalía, colaboró para registrar en audio y video las conversaciones. En ellas se mencionan cifras, contratos específicos y se hace alusión a recursos que serían desviados desde obras públicas para pagar a testigos.
Riveros fue especialmente explícito durante el encuentro:
“Si nos giran lo de plantas nosotros sacamos de ahí y les pagamos a ustedes (…) un 5% para que tengan ustedes porque van a necesitar recursos”.
En otro pasaje de la conversación, Barreto alegó que sus acciones respondían a órdenes del entonces director de la UNGRD, Carlos Carrillo, quien asumió la entidad tras el estallido del escándalo. Ambos insistieron en que la intención era proteger a terceros y evitar que el caso escalara.
Además del intento de soborno, la conversación dejó entrever vínculos con otros actores políticos. Riveros mencionó sus antecedentes en el escándalo de la parapolítica, incluso relatando su cercanía con el jefe paramilitar Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, y la forma en que políticos influyentes intervinieron para sacarlo del proceso.
La captura de Barreto y Riveros se produjo semanas después, el 5 de septiembre, tras el cierre del operativo. Desde entonces, el primero ha accedido a colaborar con la justicia, mientras que el segundo permanece privado de la libertad y aceptó cargos mediante un preacuerdo con la Fiscalía.
Este episodio se suma al caso central que ya ha involucrado a excongresistas, funcionarios de alto nivel y contratistas, y que apunta a una estructura de corrupción que habría operado al interior de la UNGRD mediante la asignación fraudulenta de millonarios contratos, en su mayoría relacionados con obras de emergencia en regiones vulnerables.
El expediente sigue creciendo, con nuevas líneas de investigación que cruzan a varias ramas del poder público. Lo ocurrido en la habitación de aquel hotel no fue solo una oferta de dinero: fue, también, una confirmación de hasta dónde estaban dispuestos a llegar algunos actores para evitar que la verdad saliera a la luz.

