Habrá paro nacional los días 28 y 29 de mayo
Aunque inicialmente se especuló sobre un paro nacional indefinido, esa posibilidad fue descartada.
Tras el fracaso de la consulta popular promovida por el presidente Gustavo Petro, la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) convocó a un paro de 48 horas para los días 28 y 29 de mayo. Aunque inicialmente se especuló sobre un paro nacional indefinido, esa posibilidad fue descartada. Sin embargo, las movilizaciones anunciadas se plantean como una expresión de respaldo a las reformas impulsadas por el Ejecutivo y podrían anticipar una nueva jornada de paro el 11 de junio.
Fabio Arias, vocero de la CUT, explicó que durante esas fechas se llevarán a cabo movilizaciones con alcance nacional, incluyendo acciones territoriales específicas y estrategias como la huelga general y el ejercicio del «poder popular».
El análisis
El politólogo Juan David Cárdenas, profesor en la Universidad de La Sabana, señaló en diálogo con Infobae Colombia que estas jornadas serán un termómetro para medir la actual capacidad de convocatoria de las centrales obreras, la cual, según él, ha disminuido desde las protestas masivas de 2019 y 2021. En ese sentido, advierte que el escenario actual presenta características distintas y no garantiza manifestaciones de gran escala.
Cárdenas indicó que, aunque la reforma laboral propuesta aborda temas que podrían tener respaldo ciudadano, los actores políticos que la impulsan han generado desconfianza. En su análisis, considera poco probable que la movilización logre un respaldo masivo o una duración significativa.
Frente a posibles consecuencias económicas o sociales, el experto considera que no se deben hacer pronósticos alarmistas, dado que el contexto actual no es comparable con el del paro nacional de 2021. Para él, más que una protesta de alto impacto, el paro convocado puede convertirse en una demostración política clave para el Gobierno en la recta final de su mandato y de cara al escenario electoral de 2026.
Cárdenas advierte que el intento del Gobierno por centrar el debate público en torno a una oposición entre la clase política tradicional y el “pueblo” puede resultar riesgoso si las calles no respaldan esa narrativa con fuerza suficiente.

