Arranca la cuenta regresiva de los últimos siete meses del Gobierno Petro
Los últimos siete meses de Petro se perfilan como un periodo de alta tensión política, económica y social. Un cierre de gobierno que no será silencioso y que podría marcar, para bien o para mal, el rumbo de Colombia en los próximos años.
El reloj empezó a correr para el Gobierno de Gustavo Petro. Con apenas siete meses por delante, la Casa de Nariño entra en su tramo más delicado, un periodo marcado por movimientos de alto impacto, presiones internas y un escenario político que ya respira ambiente electoral. Lo que ocurra de aquí al 7 de agosto de 2026 será determinante para el legado del primer presidente de izquierda en la historia reciente del país.
El cierre del mandato se abre
con un giro en la estrategia de seguridad. A finales de diciembre,
Petro sacudió a las Fuerzas Armadas al ordenar cambios en la cúpula
militar, una decisión que puso en el centro del debate el control
del orden público y la estabilidad democrática. El propio
mandatario justificó la medida al advertir:
“Frente a los desafíos del 2026, donde la prioridad será la
seguridad y la democracia, he decidido realizar unos cambios en la
cúpula militar”.
El movimiento se da en un
contexto complejo, atravesado por el aumento de la violencia en
varias regiones, la presión de los grupos armados ilegales y las
dudas que persisten sobre el alcance real de la política de ‘Paz
Total’. Para el analista Manuel Camilo González, el panorama no es
menor:
“El crecimiento de los grupos armados ilegales, la competencia
entre ellos y por ende la violencia en varios segmentos
territoriales del país plantea dudas sobre la efectividad de la
‘Paz Total’ y la capacidad del Estado de ejercer control sobre la
población”.
El déficit fiscal
En paralelo, la economía se
convierte en otro frente de alta tensión. El déficit fiscal, el
crecimiento del gasto y las limitaciones para conseguir nuevos
ingresos aprietan las finanzas del Estado justo cuando el margen
político es más estrecho. El académico David Fernando Varela
advierte que el recurso a la deuda no está exento de
riesgos:
“La otra fuente con la que cuenta el Gobierno es naturalmente la
deuda pública. Y es evidente que el Gobierno ha aumentado su
volumen de deuda, ha emitido TES con tasas de interés muy elevadas
por encima de la referencia del Banco de la República. Pero esto es
una solución que va en contravía de la regla fiscal y puede
conducir también a una rebaja de la calificación crediticia de
Colombia”.
El panorama legislativo tampoco ofrece alivio. Con el Congreso ya enfocado en las elecciones presidenciales y parlamentarias, la posibilidad de sacar adelante reformas de fondo es cada vez menor. Ante ese bloqueo, el Ejecutivo ha puesto sobre la mesa decretos, estados de emergencia y consultas populares, fórmulas que prometen acelerar decisiones, pero que también elevan la temperatura política y jurídica.
En el plano internacional, la relación con Estados Unidos atraviesa uno de sus momentos más fríos en años. La cooperación en seguridad, el comercio y la inversión están bajo revisión, en un contexto regional complejo. González lo resume así: “Este año supuso un año crítico con nuestro socio en el hemisferio, Estados Unidos. De lado y lado, la relación se debilitó y está en un punto muy bajo que afortunadamente no ha caído en la ruptura”.
Todo esto sucede mientras se define el pulso por la sucesión presidencial. El oficialismo busca mantener viva la bandera del proyecto progresista, en medio de investigaciones sobre la financiación de la campaña de 2022 y una polarización que no da tregua. Mantener el respaldo ciudadano será clave para que la izquierda llegue con opciones reales a la contienda de 2026.
Así, los últimos siete meses de Petro se perfilan como un periodo de alta tensión política, económica y social. Un cierre de gobierno que no será silencioso y que podría marcar, para bien o para mal, el rumbo de Colombia en los próximos años.
