Lejos del poder y bajo estrictas condiciones de reclusión, el exmandatario venezolano Nicolás Maduro enfrenta una rutina marcada por el aislamiento en una cárcel federal de Nueva York.
Desde su traslado al Centro Metropolitano de Detención en Brooklyn, Maduro permanece en una celda con restricciones significativas: no tiene acceso a internet ni a periódicos y su comunicación con el exterior se limita a breves llamadas telefónicas con familiares y abogados, con un tiempo máximo permitido de 15 minutos.
De acuerdo con información conocida durante el proceso judicial, el exgobernante ocupa gran parte de su tiempo leyendo la Biblia, en medio de un régimen carcelario considerado estricto. Incluso, algunos internos lo siguen llamando “presidente”, según versiones cercanas a su entorno.
El exmandatario, capturado a comienzos de enero junto a su esposa, Cilia Flores, permanece bajo custodia mientras avanza el juicio en su contra por delitos relacionados con narcotráfico y otros cargos en tribunales estadounidenses.
Las condiciones de su detención contrastan con el rol que ocupó durante más de una década en Venezuela, donde ejerció el poder hasta su salida en medio de una operación liderada por Estados Unidos.
Mientras tanto, el proceso judicial continúa y se mantiene la expectativa sobre el futuro legal de Maduro, quien pasa sus días en un entorno de alta seguridad y con contacto restringido con el mundo exterior.