En el mismo conjunto de ‘Pedro Pechuga’, francotirador ultimó a otro esmeraldero
El hecho ocurrió el domingo 6 de abril, cuando un francotirador lo atacó mientras compartía con familiares y amigos.

El crimen de Hernando Sánchez, figura clave del sector esmeraldero en Colombia, tuvo lugar en el exclusivo conjunto residencial Bosques del Marqués, en la localidad de Usaquén, al norte de Bogotá. El hecho ocurrió el domingo 6 de abril, cuando un francotirador lo atacó mientras compartía con familiares y amigos.
El suceso ha generado conmoción tanto por la víctima como por las similitudes con el homicidio de Juan Sebastián Aguilar, alias “Pedro Pechuga”, ocurrido en el mismo lugar en agosto de 2024.
Sánchez, considerado heredero del poder que dejó Víctor Carranza y sucesor directo de Aguilar, ya había enfrentado amenazas previas. Según fuentes citadas por Semana y El Tiempo, el ataque fue realizado con precisión y bajo un modus operandi que recuerda al crimen de Aguilar: un francotirador posicionado estratégicamente, posiblemente en los cerros cercanos, disparó desde larga distancia utilizando técnicas avanzadas.
En la casa contigua a la del esmeraldero ‘Pedro Pechuga’
Llamó la atención que Sánchez vivía en la casa contigua a la que ocupaba Aguilar, y que el disparo se habría realizado desde un punto similar, lo que refuerza la hipótesis de un patrón premeditado. Las autoridades, encabezadas por el general Giovanny Cristancho, comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, se trasladaron al lugar para coordinar las labores investigativas, incluida la recolección de testimonios y pruebas.
La Policía ha desplegado operativos en la zona, incluyendo el uso del helicóptero Halcón, para dar con el paradero del francotirador, aunque hasta el momento no se ha confirmado si logró escapar. Las primeras líneas de investigación no descartan la participación de exintegrantes de la fuerza pública, dada la precisión del ataque, lo que sugiere posibles vínculos con estructuras criminales altamente entrenadas.
Este nuevo asesinato vuelve a evidenciar la violencia que sigue marcando al negocio de las esmeraldas en Colombia, un sector históricamente disputado por organizaciones criminales que buscan controlar tanto las minas como el comercio internacional de estas piedras preciosas.

