Colombia

Una familia marcada por el crimen y la venganza en Mesitas

Un hombre fue ultimado en lo que era el sepelio de su madre

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La violencia que envuelve a la familia Rodríguez Morales no da tregua. A pocos días de la masacre ocurrida en un centro vacacional de la vereda San Ramón, en Mesitas (Cundinamarca), un nuevo homicidio ha vuelto a sacudir a este clan con amplio historial delictivo y presuntos vínculos con redes de microtráfico en Bogotá.

La víctima más reciente es Nelson Alberto Rodríguez Morales, de 44 años, ultimado el pasado 22 de agosto en el barrio Carvajal, localidad de Kennedy, justo cuando se disponía a ingresar a la funeraria donde velaban a su madre. El crimen, ejecutado por sicarios que le dispararon en la cabeza, se suma a una seguidilla de hechos violentos que han puesto en alerta a las autoridades de Bogotá y Cundinamarca.

Un hombre con prontuario

Rodríguez Morales no era un desconocido para las autoridades. Contaba con tres condenas por delitos que incluyen concierto para delinquir, tráfico de estupefacientes, porte ilegal de armas y uso indebido de insignias oficiales. Parte de esos procesos también involucran a otros miembros de su familia, incluida su madre, Sol Margarita Morales Lara, y su cuñado, Giovanni Javier Chivatá Daza, ambos asesinados en la masacre del 19 de agosto en Mesitas.

En esa incursión armada, ocurrida en un centro recreativo, también perdió la vida Anguel Nathalia Vaca Santamaría, de 24 años, y tres personas más resultaron heridas. Las investigaciones apuntan a que Morales Lara era considerada la líder de la organización criminal familiar. Testimonios recopilados por la Fiscalía señalan que “la señora Sol Margarita fue la que empezó con el negocio y metió a sus familiares al hampa”.

La hipótesis que más fuerza ha cobrado en las investigaciones es que los crímenes estarían ligados a una disputa entre bandas por el control del microtráfico en el sur de la capital. Una fuente del caso indicó que los Rodríguez Morales manejaban “una olla de microtráfico en Bogotá”, y que gran parte de la red criminal estaba conformada por familiares cercanos.

En paralelo, las autoridades investigan si detrás de esta cadena de homicidios se encuentra la banda Los Avatars, grupo delictivo vinculado al robo de fincas en la sabana bogotana, y con posibles nexos con Chivatá Daza. El nivel de violencia y la precisión de los ataques sugieren un plan sistemático de eliminación de integrantes del clan Rodríguez Morales por parte de una estructura rival.

Pero la historia no parece limitarse a Bogotá y Cundinamarca. Las autoridades analizan posibles conexiones con el asesinato de Norbey Olivares Rojas, alias el Diablo, ocurrido el 29 de julio en Villavicencio. Olivares, líder de la organización criminal Guatiquía, tenía antecedentes por homicidio, tentativa de homicidio y extorsión. Fue abatido por sicarios vestidos con prendas de uso privativo de la Policía.

Aunque no se ha confirmado un vínculo directo entre ese crimen y la masacre en Mesitas, los investigadores no descartan que la muerte de el Diablo haya desencadenado una ola de retaliaciones entre bandas, extendiendo sus efectos hacia Cundinamarca y la capital.

El caso de la familia Rodríguez Morales revela cómo los conflictos entre estructuras criminales pueden convertirse en ciclos de venganza que se replican en distintos territorios, dejando un rastro de sangre que desafía la capacidad de respuesta del Estado.

Víctor Castro Gutierrez

Con su título en mano, Víctor comenzó su carrera periodística como reportero en un periódico local de Medellín. Hoy en día, continúa desempeñando un papel crucial en el periodismo colombiano, siendo un referente en la investigación y denuncia de los problemas más apremiantes de la sociedad, y un defensor incansable de la libertad de prensa y la ética periodística en Colombia.

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