Mundo

El homicidio de Miguel Uribe Turbay tuvo un “plan B”

Cada día salen a la luz más datos del crimen que conmocionó a Colombia y el mundo

Suscribite a nuestro canal para recibir toda la información

Una segunda arma, un menor de 14 años y la orden de intervenir si algo salía mal. La investigación por el homicidio del senador Miguel Uribe Turbay ha revelado que el crimen no dependía de un solo disparo, sino que incluía un “plan B” para garantizar el resultado: un segundo adolescente armado que debía actuar si el primer sicario fallaba.

Ese detalle, confirmado por la Fiscalía y la Dijín, deja claro el nivel de planificación detrás del atentado ocurrido el 7 de junio en Bogotá. La estructura responsable del crimen no improvisó. Desde al menos tres meses antes, el entorno del congresista fue monitoreado con rigor. Cada movimiento suyo y de su familia fue documentado y compartido por un grupo de WhatsApp bautizado como “Plata o plomo”.

Los mensajes en ese chat, recuperados tras un intento de borrado por parte de uno de los coordinadores, contenían fotografías del vehículo del senador, datos sensibles de su esquema de seguridad y detalles técnicos del arma utilizada, que había sido modificada para disparar en modo ráfaga. También quedaron registradas instrucciones y una videollamada clave: la que sostuvo alias el Costeño —señalado como uno de los cerebros del crimen— con los menores involucrados, horas antes del asesinato.

El tirador

El ejecutor del disparo fue un adolescente conocido como “Tianz”, quien fue detenido minutos después del atentado y enviado a un centro especializado con una condena de siete años. Pero no estaba solo. A unos metros, otro menor esperaba su señal.

La logística del ataque fue orquestada por Harold Daniel Barragán Ovalle, alias Harold, capturado por las autoridades y vinculado a redes de microtráfico en el occidente de Bogotá. Barragán, con antecedentes por estafa, tráfico de drogas y extorsión, sería el eslabón entre los autores materiales y las estructuras criminales más amplias.

Uno de los nombres que emerge con fuerza en esta red es el de Élder José Arteaga Hernández, alias el Costeño, presunto articulador del crimen desde fuera del escenario directo del homicidio, pero activo en la coordinación final.

Más allá del asesinato en sí, los investigadores también identificaron una segunda fase en la operación: la supresión de testigos y posibles delatores. El plan incluía eliminar a los propios menores involucrados para evitar filtraciones. Esa línea de investigación sigue activa, con operativos concentrados en la localidad de Engativá.

Hasta el momento hay siete capturados y múltiples evidencias en análisis. Las autoridades aseguran que este caso va mucho más allá de un atentado individual: se trata de una red delictiva con estructura, financiamiento y capacidad para infiltrar distintos niveles del entorno urbano y político.

La Fiscalía no descarta nuevas capturas en los próximos días y mantiene abierta la hipótesis de que el asesinato de Miguel Uribe Turbay fue una operación ejecutada con frialdad y meticulosidad, bajo las órdenes de una organización criminal con múltiples ramificaciones.

Víctor Castro Gutierrez

Con su título en mano, Víctor comenzó su carrera periodística como reportero en un periódico local de Medellín. Hoy en día, continúa desempeñando un papel crucial en el periodismo colombiano, siendo un referente en la investigación y denuncia de los problemas más apremiantes de la sociedad, y un defensor incansable de la libertad de prensa y la ética periodística en Colombia.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta