Hay luto en la familia de Miguel Uribe Turbay
El país quedó consternado con la lamentable noticia
La exprimera dama de Colombia, Nydia Quintero Turbay, falleció este lunes en Bogotá a los 93 años, dejando un legado imborrable en la historia social del país. Reconocida por su compromiso con los sectores más vulnerables, su partida se produjo en la Fundación Santa Fe, el mismo centro médico donde permanece hospitalizado su nieto, el senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, tras sufrir un atentado el pasado 7 de junio en la capital.
Conocida afectuosamente como «Doña Nydia» o “Mamá Nydia”, su vida estuvo marcada por una profunda vocación de servicio, reflejada en la creación y liderazgo de la Fundación Solidaridad por Colombia, una organización emblemática en la promoción de programas educativos, de apoyo a la niñez y al adulto mayor. La Fundación, que organizaba cada año una caravana artística para recaudar fondos, describió a su fundadora como “una mujer excepcional” que convirtió la ayuda en “amor colectivo” y transformó la solidaridad en “una forma de vivir”.
Nacida el 31 de octubre de 1931 en Neiva, Nydia Quintero fue esposa del expresidente Julio César Turbay Ayala, quien gobernó el país entre 1978 y 1982. Durante su tiempo como primera dama, impulsó proyectos sociales que dejaron una huella duradera, más allá del rol protocolario que tradicionalmente ha tenido ese cargo en Colombia.
Su vida personal también estuvo marcada por episodios dolorosos, como el secuestro y asesinato de su hija Diana Turbay en 1991, tras una operación fallida para liberarla de manos del cartel de Medellín. Diana fue madre de Miguel Uribe y de María Carolina Uribe, quien despidió públicamente a su abuela con un mensaje emotivo: “Mamita… vuela alto y en paz. Hoy el cielo recibe a una gigante: la dama de la solidaridad”.
En sus palabras de despedida, María Carolina también evocó la conexión espiritual entre su madre y su abuela: “Dale un abrazo a mi mamá. Qué consuelo saber que ahora están juntas Diana y tú. Dos almas unidas, dos guardianas desde el cielo, intercediendo por el milagro de mi hermano Miguel”.
El país despide así a una de las figuras más queridas del siglo XX colombiano, cuya imagen cálida y labor humanitaria marcaron generaciones. Más allá de los títulos, fue una mujer recordada por su cercanía con la gente y por su incansable trabajo en favor de quienes menos tienen.
