Cae alias “Kiko”, jefe militar del Frente 33 de disidencias de las Farc
Se trata de uno de los golpes más fuertes dados a la estructura criminal
Un duro golpe al Frente 33 de las disidencias de las Farc fue asestado en las últimas horas con la captura de Francisco Javier Bayona Támara, alias “Kiko”, identificado como cabecilla militar de esa estructura armada ilegal que opera en el nororiente del país.
La detención se realizó en zona rural del municipio de San Diego, Cesar, como parte de la operación “Esparta”, desarrollada de forma articulada entre unidades del Gaula de la Policía Nacional y la Fiscalía General de la Nación. La diligencia incluyó un allanamiento que permitió ubicar al hombre, quien llevaba más de una década vinculado a actividades criminales en los departamentos de Cesar y Norte de Santander.
Alias “Kiko” tenía bajo su mando a cerca de 50 hombres armados y era considerado una figura clave dentro de la estrategia militar del Frente 33. Además, las autoridades lo señalan como responsable de acciones violentas en el Catatumbo, una región históricamente golpeada por disputas entre grupos armados ilegales.
Un aterrador prontuario
Su historial delictivo incluye procesos judiciales por terrorismo, tráfico y fabricación de armas de fuego, y concierto para delinquir agravado. También está vinculado como presunto responsable del secuestro del militar Dayan Leonardo Ávila, ocurrido en noviembre de 2022 en la vía entre Ocaña y Ábrego.
La caída de alias “Kiko” debilita de forma significativa la capacidad operativa del Frente 33 en la región y altera el equilibrio de poder frente a otros actores armados ilegales, como el ELN, con quienes mantenía una disputa por el control territorial en varias zonas del Catatumbo. Las autoridades aseguran que su detención tendrá un impacto directo en la desarticulación de redes logísticas y estructuras dedicadas al tráfico de armas y otras actividades delictivas.
Este resultado es interpretado por las autoridades como una muestra del avance de la inteligencia y la acción conjunta entre fuerzas del Estado, y como una señal de fortalecimiento de la presencia institucional en áreas rurales donde la seguridad ha sido históricamente frágil.
La operación no solo debilita la estructura de mando del Frente 33, sino que también representa un respiro para las comunidades campesinas afectadas por la violencia armada, en una zona donde la disputa por el territorio ha dejado profundas secuelas humanitarias.

