Carta de Petro a Trump busca enfriar la crisis diplomática y reencauzar la agenda binacional
La tensión entre ambos países ha generado preocupación entre diversos sectores, por el impacto económico que un conflicto puede generar
Un oficio reservado, fechado el 22 de junio y divulgado por Caracol Radio, muestra al presidente Gustavo Petro pidiendo al mandatario estadounidense, Donald Trump, “cuidar las palabras y los gestos” para superar los roces que han puesto la relación bilateral en su momento más frágil desde enero. La carta antecede por pocos días el llamado a consultas de los embajadores de ambos países y surge cuando Washington sopesa sanciones adicionales.
En la misiva, que llegó a la Casa Blanca antes de que el Departamento de Estado retirara a su encargado de Negocios en Bogotá, John T. McNamara, el jefe de Estado colombiano reconoce el tono ríspido del intercambio reciente:
“Como representantes electos de nuestros pueblos, compartimos la responsabilidad de cuidar las palabras y los gestos, particularmente en tiempos de agitación y desinformación”.
Petro aclara que nunca pretendió “señalar a nadie de manera personal” cuando insinuó una posible injerencia estadounidense en un golpe de Estado en su contra. A renglón seguido admite que “es posible que algunas de mis palabras hayan sido percibidas como innecesariamente duras” y se declara dispuesto a “una conversación honesta y respetuosa”.
Reclamo por señalamientos de Washington
Pese al tono conciliador, el mandatario deplora que figuras del Gobierno norteamericano sugirieran que su retórica propició el atentado contra el senador Miguel Uribe Turbay:
“Rechazo de manera categórica cualquier intento de utilizar la tragedia como instrumento de acusación infundada”.
El comentario alude al secretario de Estado, Marco Rubio, quien vinculó el ataque a la “retórica violenta” de Petro. El colombiano insiste en que “la política no puede convertirse en un campo de sospechas, donde las palabras sustituyan las pruebas”.
Para romper el círculo de recriminaciones, Petro invita a retomar una agenda común centrada en crisis climática, desigualdad, migración y crimen transnacional, y reitera su idea de convocar una cumbre entre Estados Unidos y la CELAC:
“Los desafíos hemisféricos exigen cooperación, no recriminaciones”.
El jefe de Estado cierra la carta reafirmando que no busca confrontación y que ambas sociedades “aspiran a una relación basada en el respeto mutuo, la soberanía y la justicia”.
Contexto de la crisis
- Enero 26: Colombia devolvió aviones con migrantes deportados, detonando el primer gran choque.
- Junio 27: Washington llamó a consultas a su jefe de misión en Bogotá; la Cancillería colombiana hizo lo propio con su representante en la capital estadounidense.
- Visa y extradición: Funcionarios de la administración Petro ya han perdido visados; EE. UU. cuestiona la posible suspensión de extradiciones para guerrilleros y capos que negocien paz.
La Casa Blanca no ha respondido públicamente a la misiva, pero analistas advierten que cualquier gesto de distensión deberá acompañarse de hechos concretos —en materia antidrogas, cooperación en seguridad y retórica— para evitar que la crisis escale hacia barreras comerciales o la descertificación de Colombia en septiembre.
Entre tanto, la carta ofrece un respiro retórico y abre una puerta para que ambos gobiernos —cuyas prioridades electorales comienzan a cruzarse— vuelvan a sentarse a la mesa antes de que el deterioro diplomático se traduzca en costos económicos y de seguridad para los dos países.
