Escalada diplomática: EE. UU. retira a su jefe de misión en Bogotá y amenaza con nuevas sanciones
La situación cada vez se pone más tensa y genera preocupaciones a nivel nacional
Un nuevo episodio de tensión sacudió la relación entre Bogotá y Washington el jueves, cuando el Departamento de Estado ordenó el regreso “para consultas urgentes” de John T. McNamara, encargado de Negocios en Colombia. La medida sigue a una seguidilla de roces que incluyen el rechazo colombiano a vuelos de deportados, choques sobre la política antidrogas y acusaciones del presidente Gustavo Petro contra congresistas republicanos.
Señales de alarma desde Washington
La portavoz Tammy Bruce precisó que el Gobierno Trump “está adoptando otras medidas para dejar clara nuestra profunda preocupación por el estado actual de nuestra relación bilateral”. Sin detallar las causas, el comunicado aludió a “declaraciones infundadas y reprobables de los más altos niveles del Gobierno de Colombia”. Para observadores diplomáticos, el llamado a consultas marca el inicio —no el desenlace— de una crisis que podría traducirse en suspensiones de visas, trabas comerciales o incluso una descertificación en materia antidrogas.
Desde Bogotá, el mandatario reaccionó con un mensaje inusual en la red social X: aseguró que redacta personalmente “todas mis cartas y comunicaciones al presidente Trump”. Horas más tarde, durante la posesión del magistrado Héctor Carvajal, subió el tono: “A los funcionarios de origen cubano en Estados Unidos, les digo: escojan enemigo, nosotros no somos… Yo no me arrodillo ni me dejo presionar”. La alusión fue leída como respuesta a los congresistas Carlos Giménez, Mario Díaz‑Balart y María Elvira Salazar, denunciados por Petro como parte de un complot para derrocarlo.
Frentes de discordia
- Migración: la devolución de vuelos con deportados el 26 de enero tensó un acuerdo de cooperación que llevaba décadas.
- Política exterior: posiciones divergentes sobre Gaza, Irán y Venezuela han irritado a la Casa Blanca.
- Narcotráfico: cultivos de coca en máximos históricos y la opción de suspender extradiciones a guerrilleros y capos que negocien la paz complican la agenda antidrogas.
“El llamado a consultas refleja molestia; no es el fin de la escalada, apenas una etapa”, advirtió el exembajador Juan Carlos Pinzón. Kevin Whitaker, quien representó a EE. UU. en Colombia, enfatizó que la suma de irritantes “afecta mucho la relación”.
¿Hay salida?
Exdiplomáticos como Julio Londoño Paredes y Adriana Mejía coinciden en que la crisis exige un liderazgo moderado y canales paralelos: “diplomacia empresarial, parlamentaria, cultural y de la sociedad civil” para amortiguar el choque. Mientras tanto, Washington espera señales de distensión y una eventual rectificación pública de la Casa de Nariño. Hasta que eso ocurra, la relación bilateral atraviesa su momento más delicado en décadas, con implicaciones que van desde la cooperación en seguridad hasta los bolsillos de millones de viajeros y exportadores colombianos.

